Oct12

Vestir a la familia presidencial no fue barato

Linaloe R. Flores // Sin Embargo

El video de diez minutos muestra el arribo de Sofía Castro Rivera al Centro Histórico Capitalino la noche del 15 de Septiembre. Es la hija de Angélica Rivera e hijastra del Presidente Enrique Peña Nieto. Es, debido a ello, uno de los sujetos cuyos gastos han ingresado al ámbito público. De Sofía –como de los otros cinco menores inquilinos de Los Pinos– se sabe poco, casi nada. Aunque el equipo de transición reconoció en 2012 una remodelación de la casa de Constituyentes debido a lo numeroso de la familia del primer mandatario, la Presidencia de la República se ha negado a brindar datos relacionados con ese costo.

 

Más allá de los acalorados momentos de la Fiesta Patria, las estampas del arribo de Sofía pasaron al análisis de los observadores de la Transparencia como un símbolo del dispendio poco empático con quienes están convocados a gritar ¡Viva México! Su vestido costó unos 25 mil pesos, unos 14 salarios mínimos en la zona A. El de su madre, la primera dama, se estima más alto: 83 mil pesos.

 

Con la propulsión de juegos pirotécnicos que pintan los cielos de círculos tricolores, los generosos platillos nacionales evolucionados a gourmet, los espectáculos y los trajes de gala de los inquilinos de la Residencia Oficial de Los Pinos para apariciones de minutos en el balcón de Palacio Nacional, las noches del Grito de Independencia del Presidente Enrique Peña Nieto han costado cada una, 20 millones –pesos más, pesos menos–, de acuerdo con peticiones a la Presidencia de la República a través del Instituto Federal de Acceso a la Información y el Portal de Obligaciones y Transparencia (POT).

 

La organización del Grito de Independencia de 2013 le costó a los mexicanos 17 millones 422 mil 783 pesos con cuatro centavos. La Presidencia de la República reportó ese gasto en el POT como “Servicio integral para la organización del evento: Conmemoración del Grito de Independencia de México” bajo el contrato AD-062-056-13 por licitación directa a la empresa Actidea S.A de C.V.

 

Fuentes de la Presidencia indicaron que el Segundo Grito del Presidente Enrique Peña Nieto quedó a cargo del mismo consorcio y el pago fue 10 por ciento mayor debido a la inflación y a “un valor agregado en la sofisticación”, sin que hasta ahora haya sido revelado a través de ese portal cibernético construido en 2002 al amparo de la Ley de Transparencia para poner luz en las adquisiciones del gobierno federal, entre otras funciones.

 

Al concepto hay que añadir el costo de los trajes y vestidos de los inquilinos de la Residencia Oficial de Los Pinos. El de Angélica Rivera, la primera dama, costó en 2013 unos 50 mil pesos, según el cálculo de analistas de moda que compararon el atuendo, diseñado por Benito Santos, con un Dolce & Gabana. El de la pasada noche del 15 es un Oscar de la Renta, estimado en 83 mil pesos, según el sitio de moda Polyvore. El año pasado, Paulina Peña Pretelini y Sofía Castro Rivera, lucieron diseños de unos veinte mil pesos, cada una, según cálculos de tiendas de diseñadores mexicanos. Protagonistas las dos de la escena social del país, eligieron colores opuestos. La primera optó por el blanco y la segunda, se cubrió en negro. Nicole –la hija más pequeña que el Presidente procreó con Mónica Pretelini- lució un tono rosa pálido en tanto que Regina –la más pequeña de Angélica Rivera- un azul metálico.

 

Alejandro –el hijo mayor de Peña Nieto– se mostró en traje sastre negro, al igual que su padre.

 

El que portó Sofía Castro la noche pasada del 15 de Septiembre está calculado entre 14 mil y 25 mil pesos. Ella es una de las inquilinas de la Residencia Oficial de Los Pinos y reconocida por el Presidente Enrique Peña Nieto como hija. Ella misma ha dicho que tiene dos padres y que habita en la residencia oficial.

 

Kris Goyri, la tienda del diseñador que elaboró su vestido, se negó a revelar a SinEmbargo el costo del diseño, pero el autor ha dicho en entrevistas que sus atuendos de noche no se tasan fuera de ese rango, un costo que él mismo califica como “alto” para el mercado mexicano (Time Out, 7 de julio de 2014). La razón de peso en ese costo es que el diseñador trabaja con materiales importados. Esa boutique de alta costura se limitó a informar que el que portó Sofía es un vestido blanco en gasa de seda con blusa manga larga, bordado a mano de lentejuelas y pertenece a la colección Otoño Invierno 2014.

 

Este sitio digital pudo grabar durante más de diez minutos el arribo de Sofía Castro Rivera al Centro Histórico Capitalino el pasado 15 de Septiembre. No fue una recepción tersa como corresponde a los anfitriones de una noche de gala. Por el contrario, una airada multitud impidió el paso del convoy de camionetas Suburban que la conducía por una de las entradas principales al Zócalo de la Ciudad de México (la calle Venustiano Carranza, donde se ubica El Palacio de Hierro).

 

Más allá de los apremiantes minutos, las estampas videograbadas con un teléfono celular hacen exclamar al investigador de la Transparencia Mexicana, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ernesto Villanueva: “Ahí están las verdades verdaderas. Eso confirma una profunda incomodidad. Hacer este tipo de ostentación la Noche del Grito de Independencia, cuando el 90 por ciento de la población afronta una situación de dificultades económicas, es un esquema fuera de lugar. Y he ahí las manifestaciones contradictorias. Y he ahí la ira del pueblo que se exalta ante los símbolos del lujo”.

 

Una de las exclamaciones, aquella noche, fue: ¡Que se baje! ¡Que camine como todos! ¡Que camine la princesa! Para Ernesto Gómez Magaña, director ejecutivo de Participación Ciudadana de Contraloría Ciudadana para la Rendición de Cuentas, la Transparencia es un tema que aún no está asimilado ni en el ámbito político ni en el social. Expone: “Todavía pensamos que no es connatural a cualquier cosa que sea de interés público, pero los derroches de quienes ostentan el poder nos provocan rabia social. En realidad, los mecanismos diferentes al grito para reclamar igualdad y austeridad en los gobernantes aún son muy débiles en México. Entonces, queda la calle, la multitud, la desenfadada protesta espontánea”.

 

LOS INQUILINOS DE CONSTITUYENTES

 

Las remodelaciones de la Residencia Oficial de Los Pinos, esa casa que siempre ha carecido de número en su exterior y de timbre, han estado justificadas en la existencia de los hijos de los Presidentes. Que si son muchos o pocos. Que si se les puede atender con tal infraestructura desde el poder. Que si las habitaciones resultan deprimentes por frías o agobiantes por cálidas. Que si se les puede educar y formar en un sitio tan lujoso. Que merecen vivir con más lujos dadas sus necesidades. Esos niños, adolescentes o jóvenes que por el juego de las circunstancias han llegado a vivir a esa casa inmersa en el Bosque de Chapultepec han justificado con su ser, millonarias erogaciones.

 

Los Pinos, un lugar bello y crudo. Rodeados sus miles de metros cuadrados de principio a fin –desde la salida del Metro Constituyentes hasta el Castillo de Chapultepec– por elementos del Estado Mayor Presidencial. Inmerso en el caos de la Ciudad de México. Un bosque de cortezas rojizas donde no viven más que ellos, los integrantes de la familia presidencial.

 

En 2014, el velo del misterio cubre a quienes la habitan. Desde que Luis Echeverría ingresó como Presidente a esa construcción con una familia que para todos parecía grande (fue Echeverría quien lanzó la campaña a través del Conapo: “La familia pequeña vive mejor”, pero él trasladó a la casa del poder a ocho hijos) pasaron 42 años para que otra muy numerosa se acomodara ahí: los Peña-Rivera (un matrimonio con seis menores; tres de él y tres de ella). Enrique Peña Nieto tomó posesión el 1 de diciembre de 2012 pero no se mudó ahí hasta enero de 2013 a la espera de una remodelación pedida ex professo y admitida por el equipo de Transición. La familia ocupó entonces la casa que Peña Nieto adueña en Lomas Virreyes.

 

Pese a este episodio, la Presidencia se ha resistido a detallar cuánto erogó en la remodelación de la casa-habitación de Los Pinos. Tampoco desea decir cómo viven los nuevos inquilinos de la residencia: si se les compró equipo de cómputo para sus estudios, cómo se alimentan o cuántos elementos del Estado Mayor Presidencial están asignados a sus personas. Todos, gastos del ámbito público porque se trata de los inquilinos de la Residencia Oficial.

 

SinEmbargo ha reunido durante poco más de un año una cascada de folios para los cuales sólo hubo negativas. A la pregunta de cuánto se erogó en la remodelación de Los Pinos, la Presidencia respondió que la Secretaria Técnica del Consejo de Seguridad Nacional, señala en su oficio STCSN/RAI/054/2013, que realizó una búsqueda exhaustiva en sus archivos sin que se localizara documento alguno relacionado con la información solicitada.

 

Sobre el uso de computadoras de los hijos del matrimonio Peña-Rivera, las Direcciones de Adquisiciones; de Operación y Servicios Generales y la del Área Administrativa; la de Bienes Muebles e Inmuebles; la de Riesgos; la de Recursos Materiales y Servicios Generales (diferentes peticiones) determinaron que no localizaron “evidencia documental”.

 

Tampoco quiso hablar, la Presidencia, de la dieta de los inquilinos de Los Pinos. La Dirección de Programación y Presupuesto informó que no se identificaron registros presupuestales por concepto de gastos de “alimentos exclusivos” para el Presidente de la República y su familia.

 

El Estado Mayor Presidencial a través del oficio 473/13 comunicó por su parte a este sitio digital: “El número del personal del Estado Mayor Presidencial, asignado a la seguridad de la Familia del Presidente no es posible proporcionarlo por estar clasificado como reservado por 12 años”.

 

Los cambios drásticos de la casa de Los Pinos se iniciaron con Miguel Alemán Valdés, quien gobernó a México de 1946 a 1952. Las entrañas de la construcción fueron modificadas de acuerdo con su gusto y el de su esposa Beatriz Velazco en aras de que crecieran ahí sus hijos. Ilimitado en sus proyecciones, el Presidente comisionó al arquitecto Manuel Giraud Esteva para levantar una segunda casa dentro de la propiedad. El proyecto original fue modificado por el ingeniero Fernando Parra Hernández hasta resultar en una mansión estilo francés de cinco mil 700 metros cuadrados. Repartidos en tres niveles se construyeron las habitaciones de la familia, en la planta principal se instalaron los salones oficiales y en el sótano, las salas de juegos y fiestas (Víctor Hugo Rodríguez en Los Pinos: esta es tu casa).

 

Al final, los Alemán sólo disfrutaron la nueva construcción un año porque el plan arquitectónico no tomó forma hasta 1952, cuando el sexenio estaba a punto de expirar. Pero la casa se quedó. Bañada en su lujo francés. Y cada sexenio, ha sido un escenario de cambios, algunos revolucionarios, otros sólo cosméticos, pero que cuestan dinero.

 

Con Luis Echeverría Álvarez quien ocupó la Presidencia de 1970 a 1976, las habitaciones se ampliaron. Y una profunda remodelación la hizo virar de lo europeo de Miguel Alemán hacia un estilo mexicano. Las paredes, los techos, todo se volvió folclórico o autóctono. Aún está ahí una chimenea de tabicón y cantera (ha aparecido en fotos de revistas cuyos entrevistadores han logrado entrar), memoria de aquella época en la que Esther Zuno Arce –la primera dama– recibía en huipil y con joyería en oro artesanal de los pueblos de México.

 

José López Portillo (1976-1982) no tenía una familia nuclear amplia. Apenas tres hijos. Pero llevó a vivir ahí a la madre de su esposa, Carmen Romano y a su propia progenitora. Por ello, mandó instalar un elevador que sólo sube y baja de un piso a otro.

 

No había en México cultura ni legislación de la Transparencia y Rendición de Cuentas, de modo que pocos cuestionaron cuánto había costado esa revolución en el inmueble destinado para los Presidentes pagada por los ciudadanos. El acceso a la Información se instaló en 2002, con el gobierno de la alternancia de Vicente Fox, el primer Presidente emanado del Partido Acción Nacional. El 10 de junio de 2002, la Presidencia de la República anunció el decreto a través del cual expidió la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental que entró en vigor dos días después. Con la Ley se creó el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), como un organismo del Poder Ejecutivo Federal con autonomía presupuestaria y de decisión.

 

Vicente Fox Quesada tomó una decisión: habría austeridad en Los Pinos. Dijo el entonces Presidente que era un sitio muy grande para sus hijos. Según él, un espacio innecesario. De modo que ordenó que en la casa Miguel Alemán –la edificada con inspiración francesa- se instalaran oficinas; entre éstas, su despacho. Y entonces, construyó otra propiedad dentro del extenso bosque conocida como “las cabañas” y ofreció un ahorro de casi 70 por ciento. No hay duda que aquella época fue de cambios. Como en un juego de paradojas, fue a través del mismo IFAI, impulsado por Fox, que pudo conocerse que los contratos para esa construcción ascendían a ocho millones 521 mil 487 pesos con 44 centavos, lo que a los observadores les pareció un dispendio. Cada integrante de la familia tenía una casa. Al final, el Presidente jamás presentó el ahorro en la que justificó esa remodelación. Cuando el sucesor panista, Felipe Calderón arribó al poder, se erogaron en esas cabañas otros 652 mil 452 pesos con 39 pesos.

 

Hoy, poco se sabe de cómo viven los habitantes de Los Pinos.

 

***

 

Después de la Fiesta Patria, el Presidente Enrique Peña Nieto viajó a Baja California Sur para vigilar la ayuda de su gobierno a la población damnificada por el gigante huracán Odile; y enseguida, voló a Nueva York, a la sesión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ante los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Francia, Francois Hollande, el mandatario mexicano anunció que su país impulsará iniciativas de parlamento abierto, poder judicial abierto y ciudades abiertas.

 

Éstas fueron sus palabras: “Promoveremos que la Transparencia y la Rendición de Cuentas sean prácticas cotidianas de todos los poderes y órdenes de gobierno de los países miembros. México compartirá su experiencia de sus recientes reformas constitucionales en materia de transparencia”.

 

¿Y la austeridad republicana? –se pregunta Ernesto Villanueva, investigador de la UNAM. “El halo que dejó el Presidente en el Grito de Independencia de derroche de lujo es un serio contraste con su discurso en la ONU”. Remata: “El Grito fue un despliegue de ostentación y de acarreo innecesarios. Todo para dar una imagen. Para que se vieran en el Balcón los inquilinos de la Residencia Oficial de Los Pinos unos cuantos minutos y pareciera que todo está bajo control. Eso no fue lo que pasó. Eso es lo que no pasa. Porque el mexicano vive al día. Y punto”.

 

(Con información de Sin Embargo)